En principio, no hay una fecha de caducidad para las prótesis, pudiendo llegar a durar toda la vida. Las prótesis que se emplean, son de última generación y no hay que cambiarlas cada 10 años, como antíguamente. Sin embargo, es algo físico y aunque es pequeña, existe la probabilidad de que la prótesis se rompa. Si esto ocurre, no va a ocasionar un problema de salud en nuestro pecho, ni en nuestro organismo; simplemente, o bien, no notaremos nada o bien, la cápsula que el organismo forma alrededor de la prótesis, puede endurecerse, engrosarse y retraerse, deformando el pecho. Esto es lo que llamamos contractura de la cápsula periprótesica, que deforma y endurece el pecho. No es una urgencia, ya que disponemos de meses para cambiar la prótesis. Sin embargo, la inmensa mayoría de las ocasiones que intervenimos por segunda vez a una paciente que lleva prótesis, no es por rotura de la misma, sino porque su piel y su glándula han seguido cumpliendo años, padeciendo las consecuencias de las hormonas, los embarazos, las lactancias, los cambios de peso, el aumento de la flacidez de los tejidos en general, la atrofia,…., y como consecuencia de todo ello, la pérdida de volumen y/o la caída y descolgamiento del pecho. Para corregirlo, muchas veces se reintervienen para recuperar el volumen perdido o para reconstruir y subir el pecho, en cuyo caso, aprovechamos para colocar un nuevo implante.

Por ello, es necesario vigilar la prótesis mediante pruebas de imagen:

  • ecografía anual;
  • en determinados casos una resonancia magnética nuclear.