Los rellenos dérmicos que conocíamos hasta ahora están cambiando. Los ajustes no invasivos, sostenibles y de larga duración son el futuro.

Ponerse labio, (coloquialmente hablando), una técnica que parecía haber caído en desuso tras el advenimiento del denominado well-aging y la tendencia global hacia lo natural y fuera de artificio, además de un pasado de malos recuerdos con rellenos permanentes y voluminosos que nos obligaron a poner en circulación el término ‘boca de pato’, está repuntando y convirtiéndose en uno de los tratamientos más solicitados en consulta.

Parecía que la demanda de técnicas de medicina y cirugía plástica y estética habían bajado a mínimos históricos y, sin embargo, el tráfico web refleja otra realidad: la remodelación de labios con rellenos sutiles es cada vez más popular entre la Generación X, ese segmento de población nacida entre los 70 y 80 que ahora ronda la cuarentena. ¿Los motivos? A partir de esta edad la destrucción de colágeno endógeno se acelera, se debilita la estructura ósea y muscular, la arquitectura facial cae por su propio peso, especialmente el tercio inferior, esto hace que la sonrisa se descuelgue y los labios se vuelvan flácidos, con tendencia a retraerse creando un efecto visual de adelgazamiento, según comentan desde la clínica londinense Waterhouse Young Clinic, expertos en rellenos dérmicos y técnicas de vanguardia.

Y es que aquí está la clave del repunte de la demanda: el mayor conocimiento de la anatomía facial por parte de los expertos y saber cómo se responde a determinados tratamientos, el surgimiento de técnicas inéditas que ofrecen resultados ultranaturales y un repertorio de sustancias casi de ciencia ficción han hecho desvanecer el temor a la aguja en pro de un rejuvenecimiento labial del siglo XXI. «Nunca trataría un labio de forma individual como si no fuera parte integrante del rostro»un punto de vista único porque a la hora de abordar un tratamiento no solo tiene en cuenta los aspectos físicos, sino también emocionales. «Un rostro demacrado a consecuencia del estrés, una expresión de tristeza o un gesto de amargura en los labios a veces se puede corregir sin ni siquiera tocar el propio labio».

Cada vez se busca más discreción, a veces simplemente con hidratar la mucosa labial con pequeñas infiltraciones es suficiente. Pero si el problema no reside tanto en el labio sino en la flacidez del rostro (con el tiempo la estructura muscular de las mejillas va cayendo generando un repliegue en el reborde del labio que desciende hacia la mandíbula), no se soluciona actuando sobre la mucosa labial como tal, sino que se refuerza la zona con vectores para levantar el tercio medio del rostro creando una especie de cuñas en los ángulos de la boca para levantar la sonrisa y mitigar el gesto de amargura.

En cuanto a sustancias, hay unanimidad entre los expertos; sin duda, el preferido es el ácido hialurónico, porque es una sustancia biocompatible, existe de forma natural en nuestro propio cuerpo y por ello el riesgo de reacciones inmunitarias es menor. Hoy hay tantos ácidos hialurónicos como necesidades estéticas. Restylane, Radiesse, Sculptra, Juvederm, Teosyal, Belotero, Volbella… Todo depende de la reticulación (red tridimensional que hace que sea más difícil que ataque la hialuronidasa, la enzima que degrada el ácido hialurónico, por tanto, sus efectos se prolongarán en el tiempo), de la viscosidad, la cohesividad, la elasticidad y la concentración, «no es lo mismo esculpir que levantar o hidratar». Cada vez la ciencia avanza más hacia ácidos hialurónicos más inteligentes y de resultados asombrosos; «Lo más novedoso es que se está trabajando en ácidos hialurónicos de cadenas más largas que los hacen más resilientes adaptándose mejor a los gestos y el movimiento muscular.

Por ello, la ciencia avanza hacia sustancias más sostenibles, biocompatibles y biodegradables que tengan el menor impacto en la naturaleza y el ser humano. Lo más innovador es la proteína de seda líquida biocompatible de Silk Medical Aesthetics Inc., 100% natural, extraída de los hilos de capullos de gusano suspendidos en líquido, usando energía solar y hojas de morera sin conservantes químicos, una apuesta pionera que aún está en fase de ensayo clínico y, si todo va bien, se podrá utilizar a partir de 2022.