¿Qué tipos de protocolos existen? ¿Cuál es el más indicado en cada caso? Los expertos responden sobre el gran activo de la medicina estética que ayuda a hidratar y a rejuvenecer el rostro

Estamos, no hay duda, ante uno de los ingredientes cosméticos estrella. El ácido hialurónico es una de las sustancias más usadas en cosmética, pero también medicina estética para tratamientos que buscan la corrección del envejecimiento y de la pérdida de luminosidad de los tejidos blandos y la piel. Y es que estamos ante un compuesto presente de forma natural en nuestro cuerpo y uno de los grandes responsables de la hidratación y la firmeza de la piel, capaz de retener grandes cantidades de agua (hasta mil veces su peso en el tejido confiriéndole turgencia y jugosidad). Precisamente el envejecimiento cursa con un descenso en la producción de ácido hialurónico por nuestras células y con la disminución de la producción y la pérdida de calidad del colágeno presente en la piel. El resultado es un aspecto deshidratado, flácido con falta de elasticidad y pequeñas arrugas superficiales y manchas.

Por eso, los tratamientos con ácido hialurónico se convierten en grandes aliados de nuestro rostro. Tal vez hayas oído hablar de los diferentes tipos de ácido hialurónico que se utilizan en estética, pero no tengas claras sus diferencias. Nos ayuda a entenderlo la doctora Mar Mira, de la Clínica Mira + Cueto, que nos habla de los dos grandes tipos, reticulados y no reticulados.

Ácidos hialurónicos reticulados

Qué son: El ácido hialurónico es un polisacárido de la familia de los glicosaminoglicanos (GAGS) que está presente de forma natural en nuestro organismo. Como decíamos, es un componente esencial del tejido conjuntivo y un captor hídrico de excepción (capta y retiene moléculas de agua), imprescindible para mantener la correcta tasa de hidratación de la piel y mantener los tejidos con ese aspecto “relleno” y “jugoso”. En medicina se emplean fórmulas de AH sintetizadas en laboratorio de procecencia no animal, biocompatibles y, por tanto, con muy bajo riesgo de alergias. Empezó utilizándose en el campo de la oftalmología (como técnica revolucionaria en la cirugía de cataratas) y de ahí pasó a la dermatología y a la medicina estética.

Para qué sirven y cómo funcionan: Según su ‘organización’ química o entrelazado de las moléculas, en medicina estética existen dos grandes grupos de hialurónicos con dos funciones distintas: las fórmulas no reticuladas que actúan como protectores/reparadores y los AH reticulados, que son los que se utilizan como sustancias de relleno. En ellos, las moléculas de ácido hialurónico están reticuladas o “entrelazadas” entre sí con el fin de darles mayor ‘solidez’ y durabilidad, protegiéndolas de los factores de degradación a los que se ven expuestos al infiltrarlos en nuestro organismo.

Aplicaciones estrella: Los reticulados se emplean fundamentalmente para rellenar arrugas y son ideales para recuperar el volumen perdido del contorno facial, surcos y comisuras.

Una curiosidad: Una ventaja interesante es que, en caso de que al paciente no le guste el resultado obtenido tras la infiltración, existe un “antídoto”: la Hialuronidasa, una sustancia que elimina sus efectos.

Duración de los efectos: La reabsorción es progresiva, con una duración media de unos 12 meses, según la fórmula y lugar de implantación.

Ácidos hialurónicos no reticulados

Qué son: La misma sustancia (polisacáridos de la familia de los glicosaminoglicanos) empleada para los rellenos de hialurónico (reticulados), pero con una formulación química distinta. En este caso, las moléculas de hilaurónico no se entrelazan entre sí, sino que se dejan ‘libres’, con lo que al infiltrarse no producen un incremento de volumen en la región, sino que únicamente actúan como captores de agua.

Para qué sirven y cómo funcionan: Son inyectables formulados en una solución acuosa con una concentración de entre 1% y el 2% (estos son los porcentajes más frecuentes, aunque en pieles muy deshidratadas se emplean concentraciones más altas) que se infiltran a nivel muy superficial (justo por debajo de la epidermis, primera capa de la piel) dónde ejercen una doble función: por un lado recuperar y mantener la tasa de hidratación adecuada de la piel y, por otro, estimular la nutrición de las células. Suelen formar parte de un protocolo de mesoterapia global: infiltraciones combinadas de distintos principios activos con el fin de promover la revitalización integral del cutis. Sus efectos duran de 6-8 meses aproximadamente.

Una piel reafirmada

-Instituto Médico Laser acaba de presentar su nuevo tratamiento Tissue Regeneration System con Neauvia, un ácido hialurónico que reafirma. Y es que tiene capacidad para vehicular activos como la glicina, prolina e hidroxiapatita de calcio, que se liberan a lo largo de 12 meses para estimular la producción de colágeno a medida que el producto se reabsorbe. Así, este novedoso material de relleno no solo corrige arrugas y volúmenes de forma inmediata, sino que induce un soporte long lasting de colágeno en la dermis. A diferencia de otras fórmulas, que cambian de reticulado en función de los objetivos a tratar, lo que varía en cada producto de esta gama es su concentración. La técnica utiliza los distintos productos teniendo en cuenta la anatomía de la grasa y los huesos, de los músculos y los ligamentos, ya que son estructuras que cambian con el paso de los años, alterando la fisionomía facial. Así, se inyecta sobre el hueso, para proyectar regiones hundidas (pómulo, mentón, línea mandibular); sobre paquetes grasos, para devolverles el volumen perdido por su atrofia paulatina (sien, ojeras, mejilla); y entre músculos y piel, para prevenir la formación de arrugas y pérdida de volumen.